Ermita de Santiago Apóstol
En las afueras de Navaridas, en la carretera hacia Elciego, con el pueblo a la espalda y la Sierra de Cantabria dibujando el fondo, la Ermita de Santiago Apóstol no es un edificio para “pasar y ya”: es pequeña, sobria, y cuando te acercas te das cuenta de que está hecha con intención.
Su estructura se sitúa a principios del siglo XVI, en un momento en el que el lenguaje arquitectónico va cambiando. Por fuera puede parecer contenida, casi austera, pero por dentro guarda señales claras de un gótico retardado: aquí los detalles no gritan, pero hablan.
Dónde está y por qué este lugar importa
La ermita está fuera del núcleo urbano, en dirección a Elciego, y eso le da una cualidad especial: funciona como umbral entre el pueblo y el paisaje. Desde aquí se entiende bien Navaridas, no solo como calle y piedra, sino como lugar. Si te giras, la vista te lo confirma: Navaridas y, al fondo, la Sierra de Cantabria.
Llegar es sencillo: se puede venir a pie desde el pueblo y encaja muy bien en una ruta circular de paseo por el entorno.
Lo que estás viendo
La ermita tiene una geometría fácil de leer si te fijas un momento:
Planta rectangular, un cuerpo principal limpio, sin complicaciones.
Al fondo, un ábside hexagonal, que remata el edificio con esa forma poligonal tan característica.
La personalidad está en la estructura: se define como gótico retardado y se reconoce en dos elementos muy específicos: arcos apuntados y bóvedas estrelladas.
Además, en el interior se documenta un petril recorriendo las paredes, un detalle continuo que acompaña el espacio.
Y para situarte: no es un edificio monumental por tamaño, pero sí por presencia: 16,33 m de fondo, 6,85 m de ancho, 6 m de alto.
El retablo
Está fechado entre 1657 y 1662 (más de un siglo después de la estructura del edificio), y se describe como sencillo y fino, con un diseño cuidado:
Columnas con estrías ondulantes.
Capiteles corintios, de aire clásico.
El centro de atención es un relieve que representa a Santiago a caballo. Es una escena muy estimable, aunque con un comentario interesante: las figuras se perciben algo estáticas, sobre todo la figura derribada bajo el caballo. No es una crítica que reste valor; al contrario, te invita a mirar el relieve con atención, a leerlo como una imagen construida con su propio lenguaje. .
Autores documentados: Retablista: Martín de Arenalde Escultor: Diego Jiménez .